miércoles, 20 de octubre de 2021

JUAN de PAREJA, ESCLAVO y GENIO de la PINTURA

Retrato de Juan de Pareja, Velázquez, 1650, Metropolitan Museum of Art, NY
 

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez tuvo varios ayudantes a lo largo de su vida, pero poca gente sabe que el genio sevillano contaba con un esclavo entre esos asistentes (figura envuelta de misterio, y lo poco que se sabe de él es a través de un relato del pintor y tratadista de pintura cordobés del siglo XVIII Antonio Palomino). Su nombre, Juan de Pareja, nacido hacia 1610, antequerano de origen musulmán, “de generación mestiza y de color extraño”, esclavo de condición por las vicisitudes de la vida. Esta costumbre de tener esclavos como ayudantes estaba, al parecer, extendida en Sevilla entre los pintores, pues Francisco Pacheco, maestro y suegro de Velázquez, tenía un turco que le ayudaba, Alonso Cano vendió un siervo negro llamado Francisco, mientras que Murillo tuvo al menos dos de los que se conservan testimonios, Juan de Santiago, a quien liberó, y Sebastián Gómez, que acabaría siendo su discípulo. El siervo ayudaba al artista universal en las tareas de moler los colores y preparar los lienzos, sin que el maestro, en razón de la "dignidad del arte", le permitiese ocuparse nunca en cuestiones de pintura o dibujo. Incluso le sirvió de modelo para uno de sus más magníficos lienzos, “Retrato de Juan de Pareja”, conservado en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York (The MET). Velázquez retrata a Juan de Pareja de medio perfil y con la cabeza ligeramente girada hacia el espectador, al que mira con fijeza. Viste con elegancia capa y valona con encajes de Flandes. 

Retrato de Antonio Palomino, J. Bautista Simó, 1726, Colección particular

La luz incide directamente sobre la frente y se difunde con brillos broncíneos por la tez morena. La figura se recorta nítidamente sobre el fondo neutro a pesar de su reducida gama cromática, en la que dominan los verdes de distintas intensidades. El gesto es altivo y seguro. La mirada ladeada refleja, especialmente, ese carácter altivo, desafiante y serio. Como ya ocurría en sus retratos de bufones y enanos, el artista era capaz de dotar de dignidad a los personajes que, por su profesión o condición, carecían de ella en la consideración social.

Retrato de Caballero de la Orden de Santiago, Juan de Pareja, circa 1660, Museo del Hermitage, San Petersburgo

Retrato de monje, Juan de Pareja, circa 1660, Museo del Hermitage, San Petersburgo

Tanto tiempo pasó ayudando a Velázquez, que al final el esclavo morisco empezó a pintar, siempre a escondidas de su dueño, pues no era bien visto y nunca se atrevió a mostrarle sus creaciones a su amo y maestro por no contrariarle. En el relato de Palomino consta que fue en una visita del rey Felipe IV al taller de Velázquez, cuando de Pareja se envalentonó y decidió mostrarle uno de sus cuadros al rey mientras le suplicaba que “le amparase para con su amo, sin cuyo consentimiento había aprendido el arte, y hecho de su mano aquella pintura”. Según afirma Palomino, el Rey Planeta ordenó a Velázquez que lo liberase inmediatamente afirmando que “quien tiene esta habilidad, no puede ser esclavo “. Ofensiva, triste y desgarradora es la idea preconcebida de que las personas esclavizadas carecían de cualquier tipo de “habilidad”. Sería en 1650, en un viaje a Roma, cuando su amo otorgó la carta de libertad a Juan de Pareja, efectiva a los cuatro años a condición de que en ese tiempo no huyese ni cometiese actos criminales. En el documento por el que le otorgaba carta de libertad, Velázquez declaraba estar en posesión de un cautivo, “vulgo dicto per schiavo”, llamado “Ioannem de Parecha, filium quondam alterius Ioannis de Parecha de Antechera Malaghen dioc., cuius operam et servitium ipse Ioannes sibi bene et fideliter praestitit”. Sería además en este viaje, cuando Velázquez pintó el famoso retrato de Juan de Pareja que hoy se conserva en Nueva York.


La Huida a Egipto, Juan de Pareja, 1658, Ringling Museum, Saratosa, Florida

El primer cuadro atribuido a Juan de Pareja (su obra pictórica rondaría la treintena de lienzos) es "La Huida a Egipto" de 1658, actualmente expuesto en el John and Mable Ringling Museum of Art. Así mismo, encontramos dos obras suyas en el Museo del Prado: "El Bautismo de Cristo" y "La vocación de San Mateo", de 1661, donde se representa el momento en que Jesucristo animó al publicano (recaudador de impuestos) Mateo, a que lo siguiera y pasara a ser uno de sus discípulos. En este último lienzo, Juan de Pareja se autoretrata, apareciendo de pie en el lado izquierdo del cuadro en una pose similar a la que aparecía en el retrato velazqueño. Incluyó aquí su autorretrato entre los asistentes a la escena llevando un papel con su firma que serviría para identificarle. Curiosamente, en este retrato que hace de sí mismo, se presenta con los rasgos más afilados y el color de la piel más claro, marcando así una diferencia en relación al retrato que le hace Velázquez.


El Bautismo de Cristo, Juan de Pareja, circa 1660, Museo del Prado

La Vocación de San Mateo, Juan de Pareja, 1661, Museo del Prado

Autorretrato de Juan de Pareja, detalle de La Vocación de San Mateo, Museo del Prado

Otra de sus obras más conocidas es el "Retrato de José Ratés" que data de entre 1665 y 1670 y se encuentra en el Museu de Belles Arts de València. Sobre esta obra Palomino escribió que Pareja “tuvo singularísima habilidad para retratos, de los cuales yo he visto algunos muy excelentes, como el de José Ratés en que se conoce totalmente la manera de Velázquez, de suerte, que muchos lo juzgan suyo”. Esta afirmación lleva a pensar que es bastante probable que algunas de las obras pintadas por Juan de Pareja hayan sido atribuidas a otros pintores.


Retrato de José Ratés, Juan de Pareja, circa 1665, Museu de Belles Arts de València

Juan de Pareja ejercería su oficio como pintor independiente hasta su muerte en Madrid en 1670, convirtiéndose en otra de las figuras desconocidas de la historia de la pintura española, olvidado de los libros de texto, como la mayoría de las contribuciones artísticas realizadas por mujeres. Curiosamente su figura sería recordada y homenajeada en 1960, con su particular estilo y forma de expresión, por el genio del surrealismo Salvador Dalí en su obra "Portrait of Juan de Pareja, the Assistant of Velázquez" ("Retrato de Juan de Pareja, el ayudante de Velázquez reparando una cuerda de su mandolina") conservado en el The Minneapolis Institute of Arts. Pocos reconocimientos para un artista tan brillante "pues el ingenio, habilidad y honrados pensamientos son patrimonio del alma; y las almas son de un color…"

Portrait of Juan de Pareja, the Assistant of Velázquez, Dalí, 1960 © Salvador Dalí, Fundació Gala-Salvador Dalí, Figueres, 2014 Photo © The Minneapolis Institute of Arts

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